ANATHEMA: “The Optimist” (2017)

El 9 de junio se publica el nuevo CD de nuestros artistas favoritos de Liverpool (si alguno de vosotros creíais que por lógica aplastante deberían ser los Beatles, podemos hablarlo y defenderlo).

Según nos cuenta el Sr. Cavanagh, Daniel, no Vince ni Jamie, la historia parte justo donde lo dejaron hace 16 años con “A Fine Day to Exit” e intentarán explicarnos a qué tortuosos caminos le condujo el famoso auto de la portada al protagonista de la historia (me ha recordado a “La Carretera 1 & 2” de Julio Iglesias…).
Lo que sí parece claro escuchando su nuevo single es que musicalmente no vamos a volver a 2001. Y no pasa nada.

KARMAKANIC:”Dot” (2016)

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Ni más ni menos. Así es exactamente como se debe hacer un disco de Rock Progresivo. Por ser más técnicos y para que nuestros gurús del progresivo no se enfaden con nosotros, los suecos Karmakanic serian herederos directos del Neo Prog (rock progresivo de los 80´).

Teníamos una cuenta pendiente con ellos y tras la reveladora experiencia que supone escuchar “Dot” la tenemos más que saldada. Hemos saldado la deuda al poder oír a uno de nuestros cantantes favoritos, Goran Edman, en clave prog. Cierto es que esto es progresivo muy melódico, de manera que el tono edulcorado de Edman encaja a la perfección. La otra deuda era con The Flowers Kings, ya que los abandonamos hace tiempo y al volver a encontrar a Jonas Reingold en este su propio proyecto, nos hemos dado cuenta de lo unidos que estábamos.

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Seis temas. 50 minutos. Una pequeña intro. Una suite indescriptible, “God The Universe And Everything Else No One Really Cares About Part. 1” (toma ya) de 24 minutos y 4 canciones perfectas de progresivo melódico y embelesador.

Según Jonas Reingold, el nombre del disco “Dot” hace referencia a que somos un minúsculo punto en el universo. Pues Karmakanic son entonces unas de las grandes estrellas del cosmos.

CIRCUS MAXIMUS: “Havoc” (2016)

CIRCUS MAXIMUS HAVOC

Seis meses para hablar de este CD. Y aún nos cuesta.
El motivo no ha podido ser otro que el enorme respeto que profesamos por Circus Maximus y la absoluta devoción por “Nine”, su obra maestra de 2012 y uno de nuestros discos de cabecera.
Pensamos en una entrada analítica en la que reflexionar de como en “Havoc” los noruegos y sobre todo su guitarrista, productor y máximo compositor Mats Haugen, espectacular durante toda la grabación,  habían optado en “Flames”, “Remember”, “The loved ones” o “Chivalry” claramente por la vía más melódica que comenzaron a desarrollar con “Reach Within” o “The One”  y sinfónica con “Last Goodbye”. De como manteniendo su estilo de metal progresivo habían experimentado a su vez con estructuras muy directas y contundentes en el tema “Havoc”. De como Michael Eriksen profundiza de manera magistral en tonos vocales de menor rango haciendo que “Havoc” sea una obra particularmente sosegada incluso en las canciones más progresivas como “Pages”, “Highest Bitter” y “After the Fire”. Y de como iba a causar algo de polémica el que hubiera temas manifiestamente más melódicos.

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Pero finalmente hemos preferido la versión visceral.
Era imposible superar “Nine” pero menudo discazo se han marcado de nuevo con “Havoc” y ya van 4 de 4. Haugen y sus solos nos ponen la carne de gallina y Eriksen es uno de los mejores cantantes actuales capaz de emocionarnos con una simple entonación. Cada canción, cada puente, cada arreglo, cada estribillo, melódicos o cargados de potencia y virtuosismo contienen más clase y calidad que cualquier otro grupo de su género. Qué buenos son Circus Maximus. Amén.

KATATONIA:”Dead End Kings”(2012)

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El 2016 ha sido el año de la confirmación.
Confirmación del genio de Devin Townsend y de nuestra rendición a Katatonia.
Los dos, provenientes de tierras tan lejanas y hostiles como Canadá y Suecia nos han devuelto la importancia de la emotividad en la música.
No tardamos más de dos clicks en hacernos con “The Fall of Hearts”. CD maduro, compacto y equilibradamente progresivo, con el que los suecos han depurado al exigente y soberbio “Dead End Kings”.

Son muchos los temas que rondan una y otra vez emocionándonos mientras Jonas Renkse nos relata, más que cantarnos, sus lánguidos cuentos invernales. Y es seguro que “Lethean” te conmoverá.

KANSAS: “The Prelude Implicit” (2016)

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Como los buenos guisos.
Ese plato con el que siempre triunfas. No tiene secreto para ti. Lo bordas una y otra vez. Es lo tuyo, vaya. Conoces el medio, dominas la temperatura del agua, la pizca de sal exacta, el secreto del clavo y las verduras de temporada. Confías ciegamente en esos tomates. De Mazarrón, por supuesto. El olor del sofrito llena la estancia y mientras, los comensales esperan ansiosamente al emplatado, como si estuvieran en las gradas de una arena romana. Buenísimo, excelente. Todos los adjetivos son pocos. Pero tú sabes y solo tú que otras veces ha estado mejor. En un grado de perfección cercana a la receta de la Yaya. Sublime incluso, piensas. ¿Qué ha podido ocurrir? Te devanas los sesos y recuerdas mentalmente: aceite, sal, pimientos, carne de vacuno. Y sigues pensando…

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Escuchas el nuevo CD de Kansas en 16 años y el primero sin el cantante Steve Walsh desde “Drastic Measures”, en el que descubriste a John Elefante y su voz de otro planeta. El peso compositivo de Kerry Livgren y Walsh nunca volverá, pero el motor de la banda, Phil Ehart, sigue en plena forma junto a sus incondicionales Williams, Ragsdale y Greer. Suena “With this heart” y la magnífica voz del nuevo, Ronnie Platt. Kansas juega sobre seguro. Platt proviene de Shooting Star, un grupo clon. Lo hará fenomenal. Lo está haciendo. “Visibility Zero”, “Unsung Heroes” y “Rythm of the Spirit”. Progresivo, melódico, violines eléctricos marcando el tempo de las canciones.Kansas. Esto es lo suyo. Conocen este negocio y son grandes músicos y compositores. Buenísimo, excelente. Sobran los adjetivos. Pero tú lo sabes. Tú solamente. Algo falta en “The Prelude Implicit”. No es perfecto. Te desgastas los oídos y sigues escuchando…

Ronnie Platt no es ni Steve Walsh ni John Elefante. No solo buenos cantantes, como lo es Platt, si no artistas capaces de transformar lo normal en magnífico, lo bueno en sublime. Eso era.

Y por fin te acuerdas. Eran de la huerta de Murcia pero no quedaban tomates de Mazarrón. Era eso.

Un placer volver a La Carretera.