IRON MAIDEN: “Legacy of The Beast Tour” (Lisboa, 13 de julio de 2018)

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No nos cuadró la opción más lógica que era ver a Iron Maiden en Madrid. Precios disparados, un estadio olímpico enorme con capacidad para 55 mil personas y el hándicap de ver la primera hora del concierto con luz natural. Esto último ya nos ocurrió hace cinco años en Rivas y desluce mucho un espectáculo tan intenso.
Y las crónicas del concierto en el Wanda Metropolitano destacando la mala organización y el deficiente sonido hizo que nos alegráramos más de la decisión tomada.
A pesar de todas estas circunstancias, un fan acérrimo de Iron Maiden, tras el concierto en la capital escribía en twitter que “a pesar de haberlos visto doce veces en concierto, este fue el mayor espectáculo de Maiden de su historia”. Pues si hubiera venido con nosotros a Lisboa…

Organización inmaculada, cero colas en las barras y en los baños, 18 mil asistentes entre los que destacaban los extremeños y un Altice Arena muy bonito y sobre todo, con una magnífica acústica.
El que tanto The Raven Age como Tremonti, a gran nivel los dos grupos, sonaran estupendamente no nos tranquilizaba, ya que en el Barclays Center (ahora Winzik) hace dos años, ocurrió lo mismo y sin embargo Maiden no sonó todo lo bien que hubiéramos deseado. Pero todo estaba destinado a que este fuera uno de los mejores conciertos que hayamos presenciado nunca y por ende, uno de los más grandes jamás realizado por Iron Maiden.

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Tras la emoción contenida en la intro de UFO habitual y su “Doctor, Doctor” comenzó el discurso de Churchill que antecede a “Aces High”, exactamente igual que en su mítica gira del “Powerslave”. Algunas dudas con el sonido, muy potente y crudo pero algo embarullado, que continuó en “Where Eagles Dare”, donde la batería de Nicko McBrain ya empezaba a sonar como en “Piece of Mind”, y que a partir de “2 Minutes to Midnight” se equilibró y que fue uno de los fundamentales protagonistas de las 2 horas de concierto.
Janick Gers cada vez ejecuta menos solos clásicos, gracias a Dios y se dedica a los suyos en “The Clansman”, “Sign of the Cross” y “Fear of the Dark”, pero cuando le dejan vía libre en “The Number of the Beast” y “Hallowed be thy Name”, te entran súbitamente ganas de arrancarle los brazos y hacérselos tragar de la manera más dolorosa posible.
Por suerte, el resto de la banda, que por cierto, pasa absolutamente de él en el escenario, como los 18 mil que allí estábamos, está en un estado de forma admirable. Dave Murray y sobre todo Adrian Smith destacaron en su ejecución. Impecables. Como ya os contábamos, Nicko tuvo un sonido de batería demoledor y Harris es la columna vertebral como siempre.

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¿Y qué podemos decir que no se haya dicho ya de Bruce Dickinson?
El actor que hay en él y el artista ya superan con creces al mero cantante. Con un nivel de voz muy bueno, defendiendo con soltura “Where Eagles Dare” y sus tonos altos. Con cambios de vestuarios continuos. Interpretando cada canción con esa pasión que solo él sabe transmitir. Cuando ese Dickinson en prisión se acerca a la horca que cuelga en el comienzo de “Hallowed be thy Name”, uno no sabe si está ante un concierto de Iron Maiden o viendo el “Adios a la vida” (E lucevan le stelle) de Tosca de Puccini.

Que un concierto de Maiden transciende a la música en vivo convirtiéndose en un espectáculo, no es algo nuevo. Que puede parecer algo ridículo ver a Bruce luchando espada con espada con un Eddie gigante en “The Trooper”, pues también. Que casi se quema las manos mientras lanzaba fuego de sus lanzallamas en “Flight of Icarus” y tuvieron que rociarlo con extintores, no pasa nada.
Cuando ves ese avión a tamaño natural encima de las cabezas del grupo o como aparecen las vidrieras de una catedral mientras Dickinson porta una gran cruz iluminada o ves surgir las hogueras del infierno sabes que estás ante algo muy grande y que estuviste allí.

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IRON MAIDEN: The Book of Souls World Tour (Madrid, 13 de julio de 2016)

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¡Scream for me Madrid!
33 años esperando para poder escuchar ese grito de Bruce Dickinson. Estuvimos hace 2 en el Sonisphere de Rivas pero por circunstancias, llamémosles “técnicas” y bajo el paraguas de la Guardia Civil, no pude disfrutar de ese concierto de Maiden como me hubiera gustado.

iron-maiden-bruce-dickinson-madrid-2016De manera que este era nuestro momento. Entradas, AVE, hotel y camisetas. Todo gestionado de modo eficaz y pulcro. A escasos 10 minutos del Barclays Center, temperatura media en la ciudad muy agradable, excelentes caldos y carne de la tierra. La compañía aún mejor.
Las 3 conclusiones que sacamos del concierto, disfrutado al máximo, como si hubiéramos tenido una regresión a los 12 años, son que, los pabellones destinados al deporte no terminan de sonar del todo bien, que el brazo izquierdo de Dickinson tiene viva propia sin duda y que hay que acabar con Janick Gers de una vez por todas. Hemos llegado a la teoria de que los miembros de Iron Maiden son excelentes personas y que Gers es su amigo. No hay otra explicación para que siga en el grupo. Como buenos amigos que son y conocedores de sus defectos, incluso le habían preparado una zona en el escenario acotada, de la que no se salió, excepto para alguna ridícula carrerita. Su actitud en el escenario es más que lamentable. Musicalmente no aportó más que sus solos en “Blood Brothers” y “Fear of the dark”. Estoy pensando en recoger firmas para darle una muerte digna.

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Lo bueno es que estábamos preparados y sabíamos dónde iban a posarse todas nuestras miradas. Así que puntuales como un clavo y tras unos interesantes The Raven Age, que sonaron incluso mejor que los propios Maiden con su metal contemporáneo, comenzó a sonar el “Doctor, Doctor” de UFO. El ambiente era magnífico tanto fuera como dentro del recinto. 15 mil personas abarrotaron el pabellón. Era un espectáculo solo mirar desde lo alto. Un sonido muy potente que me sorprendió, algo embarullado en los graves y que fue mejorando, aunque no fue perfecto, como os comentaba, posiblemente por la propia reverberación del pabellón. Los solos de Smith y Murray destacaban por encima de todo. Bruce, incansable y a buen nivel vocal, cambiándose de ropa más que una diva en el teatro. Defensa de su nuevo CD como si del primero se tratara, como es costumbre en Iron Maiden, que sigue sin dormirse en los laureles. Yo hubiera incluido “The Great Unknow” en lugar de “Death or Glory”, pero sonaron las mejores canciones de “The book of souls” (“Empire of the clouds” por ahora es inviable). Un buen puñado de clásicos “Hallowed be thy name”, “Number of the beast”, “The trooper”, “Iron Maiden” y algunas sorpresas como “Children of the damned”, “Powerslave”, durante la que enloquecí de placer y un increíble “Wasted Years” para poner el broche final.

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Always look on the bright side of life”, como bien cantan los Monty Python al final de cada concierto de Iron Maiden. Ese día lo hicimos.

IRON MAIDEN: “The Book of Souls” (2015)

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Cuando se trata de Iron Maiden o de cualquier banda clásica hay que poner un listón. Es divertido y nos ayuda, a mí el primero, a entender dónde nos encontramos exactamente.
Después de cinco audiciones intensas y dos lecturas atentas, que es lo que consigue la excepcional versión especial Hardbound Book y sobrepuesto a la emocional e irracional primera escucha (con lagrimas incluidas), la referencia es “Brave New World” (para nosotros superior a “Fear of the dark”). Una vez situados, hablemos de las reacciones y de los protagonistas.

Las primeras no se han hecho esperar. La mayoría muy positivas, otras intermedias que penalizan la duración y la vertiente supuestamente progresiva, que la tiene, de Iron Maiden, pero que destacan a su vez algunas de las canciones como sorprendentes y otras, que nos han parecido muy curiosas, que pasan de las meramente descriptivas sin adjetivación alguna, como si hablaras de un mueble, a las que recomiendan no escuchar “The Book of Souls” porque mientras te pierdes otros muchos CD. Fascinante.
Y al final de tanta palabrería en la que nos incluimos, lo único que queda y de verdad importa es el fan frente al nuevo disco de uno de sus ídolos de la adolescencia.

Vayamos con los protagonistas.
Eddie The Head ha vuelto. Todo el CD está imbuido del espíritu clásico del grupo y no han olvidado la iconografía. Buena elección la de Mark Wilkinson (Judas Priest) y mejor las ilustraciones y diseño interior.
Kevin Shirley sigue sin convencernos. Es perfecto para el Hard Rock pero no para el Heavy Metal. Recordemos que Dream Theater se lo quitó de en medio en apenas dos discos. A pesar de ello reconocemos que ha estado a la altura y ha contribuido al mágico sonido del disco, sobre todo en la producción de las guitarras solistas (las rítmicas han quedado un poco bajas en la mezcla final) para que puedas apreciar perfectamente los duelos interminables de los tres guitarristas y en las mezclas, ya que esta es la obra de Maiden con más detalles y arreglos de su larga existencia. “The Book of Souls” debe disfrutarse con auriculares.Eddie-Iron-Maiden-The-Book-Of-Souls-2015-Mark-Wilkinson
La forma de grabar en los últimos años del grupo casi en jam session dificulta volver a escuchar al Nicko McBrain contundente del “Peace of mind” y suele estar difuso y en segundo plano. Hasta ahora. De nuevo podemos oír lo buen batería que es, especialmente en “Empire of the clouds”, el clímax de todo el álbum.
Los 3 tenores (Dave Murray, Adrian Smith, Janick Gers). Uno de los grandes logros contenidos en “The Book of Souls” es el tremendo trabajo de arreglos de guitarras que se aprecian left to right durante todas las canciones. Cada guitarra solista tiene un sonido muy definido y son tremendamente placenteros los duelos a tres guitarras de todos los temas (en “The Red and the Black” se convierte en órdago). La mejor interpretación de Gers desde “Fear of the dark”, sin barullos y muy centrado. Murray por fin dándole la oportunidad a diferentes estructuras y sonidos (a veces es difícil saber que es él) y Smith destrozando con una lección magistral de buen gusto y técnica depurada.
Todo lo bueno y lo malo de Iron Maiden pasa por Steve Harris y él lo sabe. Él es el que no se ha conformado a pesar de haber vendido más que nunca con “The Final Frontier”. Él es el que ha decidido darle de nuevo rienda suelta a Dickinson y ahí tenemos la apertura más sorprendente de un disco de Maiden con “If Eternity should fail” y un cierre para la historia con “Empire of the clouds”. Él es el que ha roto con las estructuras manidas de aceleración sin control hacia los solos para volver al puente o el estribillo y en todos los temas en los que participa (cómo nos gusta “The Great Unknown”) hay ritmos, contra ritmos, pausas, grandes melodías en todos los estribillos y canciones más “modernas” de lo esperado, “Tears of the Clown”, un medio tiempo fantástico que ya se ha convertido en uno de nuestros temas favoritos.

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The Book of Souls” es ya un clásico por distintos motivos. Será para siempre el CD del cáncer superado por Bruce Dickinson, defendiendo e interpretando cada canción, a pesar de no poder darlo todo por motivos más que obvios, con elegancia y clase infinitas. Será para siempre el CD de la canción más ambiciosa de Iron Maiden, “Empire of the Clouds”, la increíble y emocionante suite de 18 minutos a lo Savatage compuesta por Bruce. Y sí, será para siempre el CD que superó el listón.

IRON MAIDEN: “A Matter of Life and Death” (2006)

IRON MAIDEN A MATTER OFTras la emocionante noticia de un nuevo Cd de Iron Maiden en septiembre de este año se produce a su vez una ligera inquietud. Con dos simples correos electrónicos y una llamada, nuestro AOR Master y yo mismo expresamos nuestros deseos y miedos:

– Uff qué emoción (The Road)
– Temas muy largos…me gusta. A ver si Shirley se centra y suena como el Piece Of Mind (AOR Master)
– Vuelven al estudio dónde grabaron Brave New World (The Road)
– Ese disco es buenísimo (AOR Master)
– El último en que se podía oír en condiciones la batería de Nicko (The Road)
– Las últimas producciones no han sido buenas (AOR Master)
– No te olvides de A Matter of Life and Death, un disco muy bueno y con un sonido de guitarras genial (The Road)

Mientras sufrimos la tensa espera no es necesario irse a los súper clásicos para disfrutar de unos buenos Iron Maiden.
El disco que nos ocupa es su última gran obra. El más serio y trabajado junto con el ya clásico “Brave New World” (siempre nos referimos a la nueva etapa). Tenemos claro que Harris está agotado compositivamente, que Murray hace una década que no graba un solo reconocible y que Gers debe morir. Pero cuando las riendas pasan por las manos de Smith y Dickinson se produce un halo de esperanza, Harris se siente arropado y la maquinaria Maiden empieza a carburar.
A Matter of Life and Death” es uno de sus grabaciones más agresivas, con la mejor producción que ha conseguido Kevin Shirley, aunque sigo sin estar seguro de que sea el productor adecuado para la banda. No sobra un solo tema al contrario que en “Dance of Death” y “Final Frontier” que cojean por todos lados. Nunca les perdonaré que hayan grabado un tema tan nefasto como “El Dorado”.
Iron Maiden es de las pocas bandas clásicas que defienden en cada gira su nuevo disco como si del primero se tratara y orgullosos interpretan siempre de cinco a seis temas sin permitirse vivir de las rentas aunque los fans se queden sin escuchar ese canción con la que llevaba meses soñando. Incluso se dieron el lujo de tocarlo completo en varios conciertos.
Por todas estas circunstancias y sobre todo por la enorme calidad de las canciones que hay en “A Matter of Life and Death”; “These colours don´t run”, “The pìlgrim”, “Out of the shadow”, “The longest day”, “For the greater good of god”, hay que recuperar este Cd y la emoción para lo que aún pueden ofrecernos.

Un tema de más de 18 minutos compuesto por Bruce Dickinson…ufff, no llego.

IRON MAIDEN: “No Prayer for the Dying” (1990)

220px-IronMaidenNoPrayerForTheDyingEl disco olvidado. Del que ya nunca hablan las crónicas y cuyas canciones parecen sepultadas bajo una enorme capa de arena en el perdido desierto de los álbumes malditos.

Un disco al que no se le puede reprochar nada excepto estar precedido por cinco obras intemporales y patrimonio del ideario musical de millones de almas y escoltado por un clásico, “Fear of the Dark”.

La última gran portada de Derek Riggs, el primero sin Adrian Smith y el último producido en solitario por Martin Birch.

El último y el primero. Fin y renacimiento.

Bruce con la mente ya puesta en su inminente carrera en solitario y Harris incapaz de componer un tema de más de seis minutos.
Directo y potente. Sin relleno ni artífico pero manteniendo un sonido de añoranza entre el “Somewhere in time” y “Seventh Son…”.

Con permiso de “Brave New World”, el último gran disco de Iron Maiden y aún no superado.