Extreme-III_Sides_To_Every_Story-Frontal¿Que qué CD llevo en el coche esta semana? Más interesante en esta ocasión es el por qué.

Todo sucedió en una inesperada y agradable cena del día de Nochebuena.
Antes de que mi acompañante hiciera presencia, intentaba pasar lo más dignamente posible uno de los días más tristes del año para estar en soledad a base de champán. Una vez reunidos, la conversación tornó a lo musical, como no podía ser de otra manera y se escucharon frases ya habituales tales como: “pues sí que tienes cds” o “no conozco a ningún grupo”. Lo normal. Y más si la persona en cuestión no comulga con unos gustos que reconozco que pueden llegar a lo enfermizo.
A pesar de algunos comentarios del tipo “mi salón es dos veces tu casa” o “¿no tienes cuchillos que corten?”, por los que en otra época esa persona hubiera sido fulminada y salido ipso facto de mi casa, la velada transcurrió de manera amena. Fue en ese momento cuando de nuevo entramos en terrenos musicales y oí aquella frase que me hizo creer en la humanidad de nuevo: “yo en mi época escuchaba mucho Extreme”.
Con lágrimas en los ojos me lancé a por mi copia del “Pornograffitti” para destripar aquella magnífica obra de funk metal (y muchísimo más) con la que ya era mi nueva amiga del alma. Pero no, aquello que tanto ansiaba no ocurrió. No conocía “When I´m president”, “It´s a monster”, “Song for love”, ni a Suzie ni a Jack Horny. Ni siquiera a Nuno. Solo el “More than words”.
No sé si fue por causa de una cierta justicia poética, pero ella no recordó que conmigo vive un carismático gato budista llamado Karu y la alergia estuvo a punto de llevarnos directos a urgencia. Gracias a Buda no pasó de algunos síntomas pero la velada tuvo que concluir abruptamente.
Aproveché, mientras reflexionaba en lo curiosa que había sido aquella noche navideña y realicé mi propia revisión en modo relax del mítico disco de los americanos.

EXTREME BAND

Una cosa llevó a la otra y aquí estamos. Teniendo en cuenta que el estallido de madurez, sensibilidad y genialidad de Extreme en “III Sides to Every Story” donde desbordaron las fronteras de su propio estilo para adentrarse en el terrenos del rock sinfónico dura 74 minutos y yo tardo unos 10 en llegar al trabajo, el disfrute de tan magna obra y sus tres “caras” perfectamente diferenciadas, está siendo parsimonioso y especialmente placentero.
Y por si os lo preguntabais, sí, hemos vuelto a hablar, pero nunca más de música.

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