Roger_Waters_Amused_to_DeathQue estrambóticas son habitualmente las aventuras musicales que te hacen llegar a un músico, a un disco o a una maldita canción. Hay que esperar siempre lo inesperado en el “camino a la locura”.
Suelen estar repletas de humo, luz tenue y horas tardías en las que las calles de tu ciudad aún no se han barrido. Unos lo llaman bar, otros, hogar. Poeniano conjunto de circunstancias dónde la absenta permaneció en su sucia estantería, la prostitución devenía velada, los licores nobles cobraron vida y descubriste a Roger Waters, no como parte de Pink Floyd, si no como entidad propia.

Amused to Death”.

No solo comprendiste y reflexionaste sobre el peso de Waters en una de las más grandes bandas de la historia de la música, si no en el espíritu del hombre inconformista que se hallaba tras el músico.

“El Pollo” le decían. Joven rockero de salud inquebrantable aunque de hábitos autodestructivos. Acólito del Hardcore y el Death y a su vez un sutil e inesperado conocedor del Rock, que esa fantasmagórica noche llevaba en su mochila el dvd de Roger Waters, “Live in the flesh” y que el no menos inquietante barman puso completo, sin que ninguna de las sombras que recorrían aquellas salas (las puertas del infierno, ahora lo sé) se inmutaran.

Waters se preguntaba entonces ¿qué es lo que quiere Dios?, “What God wants” y yo me pregunto ahora ¿qué puñetas hacías en ese garito?

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